"La perfección no es cosa pequeña, pero está hecha de pequeñas cosas." Miguel Ángel
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jueves, 10 de marzo de 2011

El beso.

 

El beso Gustav Klimt.

 

El beso del amor,

el beso del cariño

el beso del afecto.

Todos besos, ninguno el mismo

diferente es su efecto,

diferente su motivo

distinto quien lo recibe,

el mismo que lo desecha.

Otro tal vez le cosecha,

y el licor de su dulzura prueba.

En hora temprana o tardía,

el beso y la melancolía

sueñan juntos una vida,

en un instante concebida

pero en otro destruida.

Es el beso un escape, o mas bien

el comienzo, principio o fin de lo

que sea, un regalo de portento.

Tan pequeño y tan fuerte

de la boca que proviene,

de la piel que lo recibe.

Su instante un aliento,

su tiempo un momento,

todo es nada pero llena.

En un beso todo, en un beso nada.

jueves, 25 de noviembre de 2010

Sor Juana Inés de la Cruz: Detente sombra

Retrato_de_Sor_Juana_Inés_de_la_Cruz_(Miguel_Cabrera)

Detente, sombra de mi bien esquivo,
imagen del hechizo que más quiero,
bella ilusión por quien alegre muero,
dulce ficción por quien penosa vivo.


Si al imán de tus gracias, atractivo,
sirve mi pecho de obediente acero,
¿para qué me enamoras lisonjero
si has de burlarme luego fugitivo?


Mas blasonar no puedes, satisfecho,
de que triunfa de mí tu tiranía:
que aunque dejas burlado el lazo estrecho


que tu forma fantástica ceñía,
poco importa burlar brazos y pecho
si te labra prisión mi fantasía.

Firma_de_Juana_Inés_de_la_Cruz

sábado, 14 de agosto de 2010

Caducidad



Del árbol de mi vida

se desprende hoja tras hoja.

¡Oh, mundo de delirios,

cómo nos sacias,

cómo nos sacias y fatigas,

cómo nos embriagas!


Lo que hoy aun florece,

pronto se marchita,

pronto sonará el viento

sobre mi tumba parda,

sobre el niño pequeño

se inclina la madre.


Quiero ver sus ojos de nuevo,

su mirada es mi estrella,

todo lo demás puede dispersarse,

todo muere, todo muere gustoso.


Sólo permanece la Madre eterna

de quien procedemos,

sus dedos escriben juguetones

nuestro nombre en el aire efímero.




Hermann Hesse

jueves, 15 de julio de 2010

Felicidad



Solitario busqué la felicidad,
y cuando estuve cerca de ella
el alma le susurro al corazón:


"La Felicidad que tú persigues
es una doncella nacida y criada
en lo hondo de los corazones,
que jamás abandona ese lugar".
Y cuando abrí mi corazón para encontrarla,
solo hallé su reflejo, su cuna y su ropaje.
La felicidad tampoco estaba allí.


La felicidad es un mito perseguido.
Cuando lo alcanzamos nos aburre.
Como río que corre en la pradera
y pierde velocidad y se diluye.
Los hombres solo son felices
cuando aspiran llegar a las alturas.
Y si alcanzan su objetivo se apaciguan,
y empiezan a anhelar otras distancias.


La felicidad en la tierra es un fantasma,
veloz y pasajero, que los hombres
anhelan alcanzar a cualquier precio.
por él dan todo el oro, todo el tiempo.
Acaban por asirlo y lo abandonan con hastío.



Khalil Gibran

viernes, 9 de julio de 2010

La Disyuntiva



El intelecto humano está en la disyuntiva:

o la vida perfecta, o la perfecta obra.

Si elige la segunda a rehusar se obliga

una mansión divina mientras rabia en la sombra.



¿Y que sucede cuando ese cuento termina?

Se tenga suerte o no, deja huella el afán:

vieja perplejidad, la cartera vacía,

o vanidad del día, el nocturno pesar



William Butler Yeats

jueves, 20 de mayo de 2010

EDGAR ALLAN POE: CUENTOS DE TERROR, POESIA DESESPERADA



Los cuentos de terror de Poe, fueron de los primeros libros que leí, una vez comencé, sus palabras y las historias en ellas contenidas daban vida a diversas ficciones. Definitivamente un escritor que supo transformar sus vivencias y fértil imaginación en una literatura que hasta la fecha cautiva a sus lectores y en general a los amantes de ese miedo que comienza con una ligera incomodidad, una tensión que se incrementa a medida que captas su relato, el desarrollo y descripción gótico, oscuro que torna la mente de quien lo sigue en una suerte de rompecabezas que se esfuerza por resolver o descubrir el desenlace y disfruta de la aprehensión de su final.

Edgar Allan Poe (19 de enero de 1809 – Baltimore, Estados Unidos, 7 de octubre de 1849) fue un maestro norteamericano del género de terror. Sus relatos cortos que se cuentan por docenas son tan excepcionales que no solo los amantes del género suelen tenerlos en sus bibliotecas de uso cotidiano, sino que hasta el menos aficionado habrá oído hablar de ellos o incluso los habrá visto tanto en la TV o en Películas. Los cuentos de Poe han sido llevados al cine una y otra vez y aunque quizás crean que no conocen ninguna de sus historias, seguramente más de una historia vista en televisión tiene su origen en un relato de Poe.


Los Simpson: Especial de Halloween "El cuervo"

La vida de este escritor estadounidense es casi tan estremecedora y azaroza como muchos de sus relatos. Siempre deseó ser poeta, era su máximo anhelo, pero las necesidades económicas lo condujeron a la prosa. Aunque no podemos decir que fuese el creador de los relatos de miedo fue un maestro en su arte y fue quien inició la novela policiaca; su relato 'El escarabajo de oro' (1843), que trata de la búsqueda de un tesoro enterrado, es buena prueba de ello.

Su corta vida estuvo siempre marcada por la depresión, su tendencia a la melancolía y su afición al alcohol y a las drogas que acabaron por destruirle.
Esta vida signada por la tribulación se reflejo por mucho en sus poesías, de la cual la más conocida, y connotada es “El Cuervo” la cual inspira esta entrada:



"El Cuervo"

Una vez, en una taciturna media noche,
mientras meditaba débil y fatigado,
sobre un curioso y extraño volumen
de sabiduría antigua,
mientras cabeceaba, soñoliento,
de repente algo sonó,
como el rumor de alguien llamando
suavemente a la puerta de mi habitación.
>> Es alguien que viene a visitarme - murmuré
y llama a la puerta de mi habitación.
Sólo eso, nada más. <<

Ah, recuerdo claramente
que era en el negro Diciembre.
Y que cada chispazo de los truenos hacía
danzar en el suelo su espectro.
Ardientemente deseaba la aurora;
vagamente me proponía extraer
de mis libros una distracción para mi tristeza,
para mi tristeza para mi Leonor perdida,
la rara y radiante joven
a quien los ángeles llamaban Leonor,
para quien, aquí, nunca más habrá nombre.

Y el incierto y triste crujir de la seda
de cada cortinaje de púrpura
me estremecía, me llenaba
de fantásticos temores nunca sentidos,
por lo que, a fin de calmar los latidos
de mi corazón, me embelesaba repitiendo:
>> Será un visitante que quiere entrar
y llama a la puerta de mi habitación.
Algún visitante retrasado que quiere entrar
y llama a la puerta de mi habitación.
Eso debe ser, y nada más <<.

De repente, mi alma, se revistió de fuerza;
y sin dudar más
dije:
>> Señor, o señora,
les pido en verdad perdón;
pero lo cierto es que me adormecí y
habéis llamado tan suavemente
y tan débilmente habéis llamado
a la puerta de mi habitación
que no estaba seguro de haberos oído <<.
Abrí la puerta.
Oscuridad y nada más.

Mirando a través de la sombra,
estuve mucho rato maravillado,
extrañado dudando, soñando más sueños que
ningún mortal se habría atrevido a soñar,
pero el silencio se rompió
y la quietud no hizo ninguna señal,
y la única palabra allí hablada fue
la palabra dicha en un susurro >>¡Leonor!<<.
Esto dije susurrando, y el eco respondió
en un murmullo la palabra >>¡Leonor!<<.
Simplemente esto y nada más.

Al entrar de nuevo en mi habitación,
toda mi alma abrasándose,
muy pronto de nuevo, oí una llamada
más fuerte que antes.
>> Seguramente -dije-, seguramente es
alguien en la persiana de mi ventana.
Déjame ver, entonces, lo que es,
y resolver este misterio;
que mi corazón se calme un momento
y averigüe este misterio.
¡ Es el viento y nada más.<<

Empujé la ventana hacia afuera,
cuando, con una gran agitación
y movimientos de alas
irrumpió un majestuoso cuervo
de los santos días de antaño.
No hizo ninguna reverencia;
no se paró ni dudó un momento;
pero, con una actitud de Lord o de Lady,
trepó sobre la puerta de mi habitación,
encima de un busto de Blas,
encima de la puerta de mi habitación.
Se posó y nada más.

Entonces aquel pájaro de ébano,
induciendo a sonreír mi triste ilusión
a causa de la grave y severa
solemnidad de su aspecto.
>> Aunque tu cresta sea lisa y rasa
-le dije-, tú no eres un cobarde <<.
Un torvo espectral y antiguo cuervo,
que errando llegas de la orilla de la noche.
Dime: >> ¿Cual es tu nombre señorial
en las orillas plutónicas de la noche?
El cuervo dijo: >> Nunca más <<.

Me maravillé al escuchar aquel desgarbado
volátil expresarse tan claramente,
aunque su respuesta tuviera
poco sentido y poca oportunidad;
porque hay que reconocer
que ningún humano o viviente
nunca se hubiera preciado de ver
un pájaro encima de la puerta de su habitación.
Con un nombre como >> Nunca más <<.

Pero el cuervo, sentado en solitario
en el plácido busto, sólo dijo
con aquellas palabras, como si con ellas
desparramara su alma.
No dijo entonces nada más,
no movió entonces ni una sola pluma.
Hasta que yo murmuré: >> Otros amigos
han volado ya antes <<.

En la madrugada me abandonará,
como antes mis esperanzas han volado.
Entonces el pájaro dijo: >> Nunca más <<.

Estremecido por la calma,
rota por una réplica tan bien dada,
dije: >> Sin duda <<.
Esto que ha dicho
es todo su fondo y su bagaje,
tomado de cualquier infeliz maestro
al que el impío desastre
siguió rápido y siguió más rápido
hasta que sus acciones fueron
un refrán único.

Hasta que los cánticos fúnebres
de su esperanza, llevaran la melancólica carga de
>> Nunca - nunca más <<.
Pero el cuervo, induciendo todavía
mi ilusión a sonreír,
me impulsó a empujar de súbito
una silla de cojines delante del pájaro,
del busto y la puerta;
entonces, sumergido en el terciopelo,
empecé yo mismo a encadenar
ilusión tras ilusión, pensando
en lo que aquel siniestro pájaro de antaño
quería decir al gemir >> Nunca más <<.

Me senté, ocupado en averiguarlo,
pero sin pronunciar una sílaba
frente al ave cuyos fieros ojos, ahora,
quemaban lo más profundo de mi pecho;
esto y más conjeturaba,
sentado con la cabeza reclinada cómodamente.
Tendido en los cojines de terciopelo
que reflejaban la luz de la lámpara.
Pero en cuyo terciopelo violeta,
reflejando la luz de la lámpara,
ella no se sentará ¡ ah, nunca más!

Entonces, creo, el aire se volvió
más denso, perfumado por un invisible incienso
brindado por serafines cuyas pisadas
sonaban en el alfombrado.
>> Miserable -grité-. Tu dios te ha permitido,
a través de estos ángeles te ha dado un descanso.
Descanso y olvido de las memorias de Leonor.
Bebe, oh bebe este buen filtro,
y olvida esa Leonor perdida.
El cuervo dijo: >> Nunca más <<.

>> Profeta -dije- ser maligno,
pájaro o demonio, siempre profeta,
si el tentador te ha enviado,
o la tempestad te ha empujado hacia estas costas,
desolado, aunque intrépido,
hacia esta desierta tierra encantada,
hacia esta casa tan frecuentada
por el honor. Dime la verdad, te lo imploro.

¿ Hay, hay bálsamo en Galad? ¡Dime,
dime, te lo ruego ! <<.
El cuervo dijo: >> Nunca más <<.

>> Profeta -dije-, ser maligno,
pájaro o demonio, siempre profeta,
por ese cielo que se cierne sobre nosotros,
por ese dios que ambos adoramos,
dile a esta pobre alma cargada
de angustia, si en el lejano Edén
podré abrazar a una joven santificada
a quien los ángeles llaman Leonor,
abrazar a una preciosa y radiante
doncella a quien los ángeles llaman Leonor <<.
El cuervo dijo: >> Nunca más <<.

>> Que esta palabra sea la señal de nuestra separación,
pájaro o demonio - grité
incorporándome.
¡ Vuelve a la tempestad
y la ribera plutoniana de la noche!
No dejes ni una pluma negra como prenda
de la mentira que ha dicho tu alma.
¡ Deja intacta mi soledad!
¡ Aparta tu busto de mi puerta!
¡ Aparta tu pico de mi corazón,
aleja tu forma de mi puerta! <<.
El cuervo dijo: >> Nunca más <<.

Y el cuervo sin revolotear, todavía posado,
todavía posado,
en el pálido busto de Palas
encima de la puerta de mi habitación,
sus ojos teniendo todo el parecido
del demonio en que está soñando,
y la luz de la lámpara que le cae encima,
proyecta en el suelo su sombra.
Y mi alma, de la sombra que yace flotando
en el suelo no se levantará...
¡ Nunca más !

lunes, 17 de mayo de 2010

REBELDIA


Amo todas las auroras y odio todos los crepúsculos

¡Qué hermosas las sendas
Que no tienen fin!...
¡Qué hermosos los días
Que no tienen noche!
¡Qué hermosas las cosas
Que nunca se hicieron!...

Las columnas truncas
Los vasos trizados
Las líneas no rectas...
¡Lo que no se rige
por orden expreso!...

Ir como las barcas
Que no tienen remos...
¡Ir como las aves
Que no tienen nido!
¡Ser algún capullo que no se adivina!
¡Poder algún día
Quebrar con la marcha
De las cosas hechas!...

¡Detener la tierra!

Dos y dos son cuatro...
¿Y eso quién lo sabe?
Y...¿si se me ocurre
Que uno no es uno?

Alfonsina Storni
La Inquietud del Rosal

jueves, 13 de mayo de 2010

PASEO AL ATARDECER



Camino tarde por senderos polvorientos,
las sombras de los muros caen oblicuamente,
y puedo visualizar a través de los sarmientos
la luna sobre sendas y arroyos salientes.

Canciones que un día entonara en el pasado,
entono una vez más, con acento cansino,
y las sombras infinitas de lo que he viajado
se cruzan e interponen en mi camino.

El viento, la nieve y el calor solar
de muchos años tras de mí resuenan,
noches de verano y azul relampaguear,
tormentas e incomodidades que apenan.

Con la piel tostada y del todo invadido
por el esplendor del universo entero,
siempre hacia adelante me siento atraido,
hasta que las sombras cubren mi sendero.

Hermann Hesse

miércoles, 12 de mayo de 2010

MAGIA DE LOS COLORES



Aliento divino en todos los temas,
arriba cielo, debajo otro cielo;
canta la luz millares de poemas,
Dios se hace mundo de cromático velo.

El blanco al negro, lo cálido al frescor
se siente siempre de nuevo atraído,
y eternamente, del caótico ardor,
surge el arcoíris siempre repetido.

Así por nuestras almas se pasea,
en la pena o la dicha que sintamos,
la luz de Dios, que decide, que crea,
y que nosotros como sol ensalzamos.

Hermann Hesse